Hay quien dice que los WACHINOBIS no existen. Pero esas personas, realmente, no saben muchas cosas. Los WACHINOBIS sí existen. Y desde hace mucho tiempo. Es difícil saber cómo son, porque nunca nadie ha visto a uno de ellos. Y si alguien los ha visto ha preferido no contarlo, porque es mejor para los pequeños WACHINOBIS que nadie sepa que existen.
Son muy pequeños, sí, aunque no podemos decir exactamente lo que miden. Nunca se midieron. Y tampoco se sabe bien de qué color son los WACHINOBIS. Lo más probable es que no tengan ningún color, o tal vez, los tengan todos. Pero sabemos, casi con toda seguridad, que tienen alma, y su alma es azul. Muy azul. El alma azul de todos los WACHINOBIS, en cualquier caso, es invisible, así que vale de poco ese azul, tan azul, porque nunca podemos verlo.
Los pequeños WACHINOBIS viven en los bosques y allí es en el único lugar del mundo en el que pueden vivir. Cuando se acaben los bosques, se terminarán los WACHINOBIS, porque ya no tendrán nada que hacer, y no encontrarán otro lugar donde vivir. Ellos siempre están contentos en los bosques y son los encargados de su mantenimiento.
Son los que pintan los troncos de los árboles de marrón, claro. Y también utilizan el verde para las hojas y las plantas, sobre todo en primavera. Y les encanta que llegue el otoño, porque van pintando todas las hojas, poco a poco, de amarillo, y después de marrón. Y al final, le dan pequeños bocados a las hojas para que se caigan y llenan todo el suelo de los bosques de hojas amarillas y hojas marrones, y también de alguna hoja verde que se olvidan, cada año, de pintar. De todas formas, los WACHINOBIS son muy desordenados y por eso los bosques son así de bonitos.
Dicen que a los WACHINOBIS les gusta que los niños canten. Cuando un niño canta en el bosque todos los WACHINOBIS que le escuchan se ponen contentísimos, y desordenan mucho el bosque para que al día siguiente todavía sea más bonito. Y, a veces, cuando los niños que cantan se quedan dormidos, y tienen un chupe en la boca, los WACHINOBIS, o algún WACHINOBI, seguramente uno solo, hace un poco de magia. Sí, hace magia para que al niño dormido se le caiga el chupe al suelo del bosque, y así se despierte, y siga cantando, Porque a ellos les gusta que los niños canten.
Después recogen el chupe con mucho cuidado y se lo llevan a un cerdito que no sepa dormir sin chupe. Y así el cerdito puede dormir mejor.
Hay veces que los WACHINOBIS se ponen tan contentos que cualquiera podría verlos bailando, pero entonces, si los viéramos, desaparecerían. Por eso no los vemos. Y si alguna vez cualquier niño que vaya cantando por el bosque viera a un WACHINOBI, sería mejor que disimulara, porque nadie le creerá, y además, porque si a los WACHINOBIS los ven los adultos, seguro que desaparecen todos, y también los bosques.
Porque los adultos, algunos adultos, aunque nunca han visto a los WACHINOBIS, pueden conseguir que desaparezcan, si es que siguen estropeando los bosques. Porque si lo WACHINOBIS ya no tuvieran bosques, no tendrían donde vivir, ni donde bailar, ni nada que desordenar.
Así es que, los WACHINOBIS existen, porque existen los bosques, y sobretodo, porque existen niños que cantan en los bosques.
"Para Marc, que una vez preguntó a un camarero si tenía wachinobis."
JOSE REVILLA - 2006
10 de octubre de 2006
Los Wachinobis
Publicado por Gonzalo Revilla en 10:29 a. m.